Passeig de Gràcia

Paseando por el centro de la retícula de calles arboladas del ensanche de Barcelona se encuentra el Cuadrado de Oro, la mayor concentración de construcciones modernistas de Europa. La mirada no solo se asombra por los impresionantes edificios de Puig i Cadafalch o Domènech i Montaner, sino también por el rico despliegue de pequeños detalles: los vidrios de colores, escaparates,  barandillas, mosaicos, las maderas labradas, los elementos urbanos. El Paseo de Gracia es un escenario perenne y cambiante a la vez, donde cada generación exhibe su lujo y sin embargo se produce una simbiosis serena entre modernidad y tradición: modernismo, comercio y conectividad se entrelazan en el esplendor de la ciudad cosmopolita.

En la muy reciente reurbanización de la avenida comercial más importante de la ciudad se han ensanchando las aceras, se han sustituido los bancos por el modelo NeoRomántico Liviano, de Miguel Milá, que además de saber ser dignos sin pretender protagonismo han sido resituados para mejor producir los nuevos espacios civiles, y crear las sinergias tan necesarias en la ciudad de múltiples velocidades , y además, se ha confiado la iluminación de la calzada central y de los carriles laterales, esto es, la iluminación fundamental del paseo, a la callada labor de las farolas Candela LED, diseñadas por Gonzalo Milá.

Así que ante la fachada de la Casa Milá, encargada por Pere Milá a Antoni Gaudí en 1906, popularmente conocida como La Pedrera, en un mote popular que evoca tanto el nombre del promotor como el material escogido por el arquitecto, hoy encontramos un banco diseñado en 2000 por el sobrino menor de aquél, Miguel Milá, el gran maestro pionero del diseño en España, y una farola de última tecnología concebida por el hijo de éste, Gonzalo Milá, en 2012, en lo que es sin duda una elegantísima convivencia de tres generaciones de Barcelona en el eje central de la ciudad.





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